El encanto de “Cuando florezcan los eucaliptos”. Alejandro Guzmán

March 3rd, 2009

Al tener mi primer encuentro con este libro, pensé en una de tantas biografías con el tema del narcotráfico, que inunda las librerías y parece no tener fin. El tema abre hondas heridas, porque de una u otra manera hemos tenido que soportar, si no en nosotros mismos, en nuestros familiares y relacionados esta fatídica carga que ha dejado un lastre de dolor y lágrimas durante todos estos años. Pero me equivoqué.
Es un libro lleno de reflexiones que propenden por la vuelta al seno del hogar de nuestros hijos campesinos obligados a servir una causa que nunca llevó a nada más que al dolor y al sufrimiento.
Propende por esos valores genuinos que se han ido perdiendo hasta convertir gran parte de nuestro pueblo en una sociedad sin carácter y sin compromisos.
Propende por la conservación de nuestro medio ambiente.
Es un llamado a la paz, no sólo de nuestro país sino del mundo entero.
Es un rechazo a las tiranías. Una oda a la democracia, a la libertad y a los principios genuinos.
Combate la ignorancia y el fanatismo religioso e invita a la juventud talentosa a dedicarse a la docencia y a la investigación científica. Por otra parte, Rafael Tobar nos muestra la Colombia que añoramos, la que reía con la sonrisa franca, la del saludo simple que todos deseamos volver a tener. Gracias por darnos ese regalo tan hermoso para Colombia. necesitamos más libros como este.
Alejandro Guzmán R.
Bogotá, Colombia.

Comentario editorial. – Tea House Publishing

February 28th, 2009

Tener una visión comprensiva de Rafael Tobar, es un desafío que nos obliga a mirar con detenimiento este ingenioso y creativo autor, que ha incursionado con éxito en diferentes géneros del arte, como lo demuestran sus pinturas, sus composiciones musicales y la destreza en su trabajo como diseñador gráfico.

Son virtudes que acompañan a Rafael desde su temprana infancia, allá en su pueblo natal, El Tambo, luego en el Popayán de sus amores, después en la Cordillera de Los Andes y en el Litoral Pacífico, escenarios mágicos de los cuales emergen las inquietudes artísticas y su sensibilidad que marcan una perseverante y firme personalidad.

Tobar, desde muy temprano demostró tener una mente independiente y curiosa para asombrarse de lo que le rodeaba. A los seis años descubrió sus habilidades para dibujar. Se emocionaba al ver cómo las imágenes que observaba iban quedando en el papel con la plasticidad que inspiraba su amado terruño.

Aprendió con su padre el arte de la fotografía y en su adolescencia alternó su tiempo en el estudio de distintas expresiones artísticas y técnicas. En 1965 emigró a Los Estados Unidos. En los años setenta
incursionó con otros entusiastas en la música electrónica.

Hoy, en medio del volumen de obras de la ya variadísima y excelente producción literaria de autores colombianos, nos encontramos con una obra que sobresale por varias razones.

El autor describe con realismo y sencillez, su niñez y adolescencia, en relatos llenos de anécdotas y comentarios, luego sus aventuras en la Cordillera Occidental de los Andes, por la costa del Pacífico caucano y por la Cordillera Central, con las campañas de cedulación de La Registraduría Nacional del Estado Civil en los años sesentas.

Pocos autores tienen la mágica virtud de identificar al lector con sus vivencias como lo hace Rafael, por medio de una serie de inspiradoras y entretenidas narraciones y divagaciones científicas y filosóficas, no sólo sobre el acaecer de su vida, sino sobre el país, la sociedad y la existencia en general.

Sin lugar a dudas, “Cuando florezcan los eucaliptos”, es una obra que cautiva su atención desde la primera página hasta la última.

Tea House Publishing.
Miami, Florida.

Cuando florezcan los eucaliptos. – Jaime Vejarano Varona.

February 28th, 2009

Colombiano de nacimiento y estadounidense por adopción, tal es la nacionalidad de este personaje que hoy lanza a la luz pública su libro “Cuando Florezcan los Eucaliptos”, editado en Miami, USA, ciudad en la cual fijó su residencia desde hace más de cuarenta años.

Sorpresivamente recibí el encargo de la revisión de esta obra literaria, en borrador que me llegó a través de los medios electrónicos. Al agradecer la confianza y la distinción que para mi significó el haberme escogido para tan exigente tarea, me di a la lectura de sus 440 páginas y puedo afirmar que antes de llegar a las primeras diez, ya era cautivo de su contenido.

Rafael es conocido y recordado por muchos en la ciudad de Popayán, Colombia. Sus primeros años en esa ciudad, su juventud y adolescencia y una corta etapa de su madurez, transcurrieron en esa ciudad, donde hizo sus estudios y donde dejó honda huella entre sus relacionados y amigos por la brillantez de su mente y las demostraciones de sus talentos naturales, como artista dibujante y como músico; y por su creatividad en las variadas actividades a que se dedicó.

Sería redundante, por supuesto, entrar a describir esa etapa de su mocedad, cuando está deliciosamente relatada en los primeros capítulos de su obra. Es curioso que tratándose, en síntesis, de la autobiografía de alguien que no ostenta celebridad en su país natal, logre captar y aprisionar de tal modo la atención de quien acceda a su lectura y que, aun sin conocerlo, empieza a admirarlo.

Bastaría con leer la trascripción que hace el autor de un conjunto de anotaciones de su diario de vida, escrito en hojas arrancadas de su cuaderno escolar, cuando apenas barruntaba la edad del conocimiento y la razón. Son percepciones del entorno en que su mente despertaba al mundo y sus vivencias. Y al leerlas, el libro se apega a nuestras manos de manera que ya no es posible renunciar a recorrer el camino que nos trazan las siguientes páginas, hasta el punto final donde expresa su íntimo deseo de regresar al terruño, en algún verano …cuando florezcan los eucaliptos.

No deja de ser curioso que las cuatro décadas vividas en Estados Unidos no parezcan marcar para el autor una huella representativa de sus memorias. Como si su vida se hubiera estancado al salir de la patria, de modo que su inspiración arrojase sus anclas allí y sus remembranzas limitasen con su éxodo, pero no es así, es la respuesta al pedido de sus hijos de relatar los primeros 25 años de una existencia que para ellos era un misterio, y da a entender que habrá un segundo libro que concluye en una serie de relatos vividos en los Estados Unidos.

Partiendo del Barrio Valencia de Popayán al que dedica sus primeras líneas y recuerdos, inicia la travesía de sus evocaciones con una afortunada semblanza del espíritu y del carácter del payanés genuino.

Los eucaliptos de la avenida al cementerio central y sus esporádicas floraciones sembraron en su interior profunda huella, hasta traducirse en el leit motiv que lo ha venido acompañando a través de su existencia, para plasmarse en el espléndido libro que hoy pone generosamente a disposición de los amigos lectores.

Sus tiempos de bohemia, la magia de sus aventuras a través de la geografía caucana desde los riscos andinos hasta el litoral pacífico, las semblanzas de sus tíos sacerdotes, de la tía Bertilde y de toda su familia, anécdotas y peripecias de juventud, el niño del balcón, sus exposiciones artísticas de pintura y fotografía, el embrujo del tango, la percepción de su universo infantil, los encuentros con la guerrilla del Capitán Rayo, “El prisionero de Usenda”, Grethel y El Mejor regalo de Navidad, dos capítulos cargados de una ternura infinita, la descripción de lugares exóticos como los esteros del río Timbiquí, las cacerías con sus compañeros de colegio, las cimas de los Andes, travesuras y picaresca, fotografías e ilustraciones, en fin, temas todos que, si bien pudieran parecer intrascendentes, adquieren por arte de su palabra y su narración fluida y caudalosa de sentimientos, importancia inusitada para el lector.

Recorrer las páginas de “Cuando Florezcan los Eucaliptos” es entrar al país donde todo parece tan real y tan fantástico al propio tiempo, que nos incitan a morar en los reinos del encantamiento, de la nostalgia y de la ensoñación.

Jaime Vejarano Varona.
Periodista, Escritor.
Popayán, Colombia.